postheadericon LOS OSCUROS Y LOS CLAROS DE LA ANGUSTIA por Alejandro Unikel

I. INTRODUCCIÓN


Por qué escribir sobre la angustia
Porque es el tema central de mi vida; porque me ha asustado, continúa haciéndolo, y me temo que así será hasta el fin.

Porque es un tema universal. La angustia, no es algo que tenemos, sino algo que somos .

Porque todos los dilemas existenciales convergen en la angustia.

Porque todos mis pacientes llegan con angustia; quiero ayudarlos más y mejor.

Y porque, aunque sea difícil de creer, la angustia no es mi enemiga; sino la promotora de los grandes aprendizajes de mi vida, aunque el costo haya sido (y continúe siendo) muy alto.


Por qué el tema se llama : “los oscuros y los claros de la angustia”
Porque la angustia es dolor, confusión, desesperación e impotencia.

Pero no sólo es eso.

También es oportunidad, posibilidad, creatividad, coraje, reto a lo inevitable.
Es oscura, pero también puede ser clara.

Quiero compartir mi visión de la angustia, tanto de lo difícil, como de lo que voy encontrando para vivirla con más sentido. Es decir, compartir “lo oscuro” pero también “lo claro” de ella.


II. EL ABANICO OSCURO DE LA ANGUSTIA

¿Qué es la angustia?
La angustia es una sensación de amenaza intensa,
que nace dentro de mí,
sin un tema específico.

Produce una gran inseguridad,
de que algo terrible va a suceder,
pero no sé que es.

El que está en peligro inminente soy yo
me voy a perder a mi mismo

La angustia es la sensación de amenaza de perderme a mi mismo

Tipos de angustia
Podemos ver la angustia desde dos perspectivas;
1ª. Según las situaciones que la generan
2ª. Según la forma de vivirla

Situaciones que disparan frecuentemente la angustia
¿Cuáles son las situaciones de la vida en las que toco el perderme a mí mismo?. Frecuentemente son las siguientes amenazas:

Muerte. La amenaza de muerte,
como cuando me declaran una enfermedad grave y temo morir, desaparecer, dejar de ser.
Identidad. La amenaza al mundo que conozco como mío, al centro que me da identidad,
como cuando tengo que emigrar forzosamente de mi país, a otro que me es extraño, y me trasplanto, con todo y raíces, a un terreno desconocido.
Sentido de vida. La amenaza de que mi vida pierda sentido,
como cuando mis hijos, que le han dado significado a mi existencia, se van, y me quedo desempleado.
Seguridad. La amenaza de sucumbir a la inseguridad, en donde mi integridad física y emocional está en grave peligro,
como con el riesgo constante del secuestro, del asalto.
Capacidad para la vida. La amenaza de no poder resolver y acomodar los asuntos – problemas y oportunidades – que la vida me da,
como cuando vivo cada problema como un castigo; o cuando me ofrecen un trabajo que, a pesar de que va a mejorar mi situación, me rebasa en responsabilidad.

En cada uno de esas situaciones, toco eso que racionalmente acepto, pero no me percato que me puede pasar (porque “le pasa a los otros no a mi”), hasta que algo me hace dramáticamente darme cuenta, ¡que también me puede pasar a mi!: perderme a mí mismo.

La angustia cósmica
Hay otro tipo de angustia, derivado en buena parte de las anteriores situaciones.
Perderme a mí mismo, es inexplicable, es inaceptable, es demasiado doloroso, es injusto….pero sucede; y este hecho incontrovertible me arroja al vacío y me hace tocar el limite. Aparecen las preguntas sin respuestas:
¿por qué a mi?
¿qué es todo esto de la vida?
¿por qué nadie me preguntó si quería venir a este mundo, y nadie me preguntará cuándo me quiero ir?
¿si me he portado bien, por qué me castiga Dios?
¿por qué a los ladrones las va bien?
¿… y la otra vida?
Etc, etc.

Formas de vivir la angustia
Angustia existencial
Toda persona sufre alguna vez la angustia; si somos capaces de no huir de ella, la incorporamos a nuestro ser como una fortaleza más; de otra manera nos detiene. Cuando Nietzsche dice: “todo lo que no me destruye, me hace más fuerte”, siento que está en esa dirección. Porque sucede que la angustia no me deja más que dos salidas: vivir la experiencia con todo el sufrimiento que implica, o la desesperación (el suicidio real o ficticio); los que no la toleran, huyen, generalmente con resultados endebles, pero otros que son sobrepasados llegan al depresión fuerte o a la autodestrucción.

Angustia neurótica
Existe también la angustia debida a conflictos no resueltos, que producen experiencias similares de dejar de ser, de tocar la nada. Por ejemplo, una persona que se sintió en la infancia – y ahora - no vista y aceptada por los demás, es susceptible de sufrir intensamente por la falta de un saludo, o por que percibe un comportamiento frio. En un grupo que desconoce se aislará, se dirá más de una vez “trágame tierra”, y maldecirá su timidez. Permanecerá en ese comportamiento neurótico, repitiendo lo único que sabe hacer, aislarse, mientras no se de cuenta del disparador oculto de su angustia. Las evitaciones, las represiones, las desviaciones para evitar la amenaza del dejar de ser, son lo que llamamos angustia neurótica.

Miedo y angustia
Distinción e interacción entre angustia y miedo
La angustia y el miedo son opuestos, pero están vinculados.

Como dijimos, la angustia es una sensación interna de amenaza sin contenido, sin tema, que produce gran inseguridad por la inminencia de algo terrible. Los seres humanos no estamos hechos para vivir esa amenaza terrible, sin contenido, porque no podemos luchar contra nada; tenemos la urgencia de encontrarle una explicación, un tema disparador; debido a esto, convertimos la angustia, en miedo. ¿Por qué en miedo?

Porque el miedo – a diferencia de la angustia - es externo a la persona, ocurre en el ambiente, y tiene un contenido concreto, y por lo tanto puede ser identificado, analizado, atacado, soportado, etc., y se puede actuar contra él con valor (coraje), porque es un objeto concreto contra el cual se puede luchar. .

Mi experiencia
Me es muy claro, cuando me aborda la angustia, como al instante mi mente empieza a funcionar como radar, buscando, buscando los puntos flacos, aquellos en los que puedo depositar esa amenaza: el problema con mi esposa, las declaraciones de Hacienda, la pérdida posible de dinero, las amenazas veladas de la vecina, etc, y cómo se va transformando en esos miedos; se detiene en alguno – o en todos - y la fuerte energía original de la angustia se deposita ahí. Cualquier contratiempo, que en otras condiciones sería tomado por mí como eso, un simple contratiempo, se convierte en un problema importante. Por ejemplo:
la rotura accidental de un vidrio de mi sala, me hará sentir desproporcionadamente expuesto, y correré a sustituirlo
un malestar físico que me haría esperar un tiempo antes de ir al doctor, tal vez me haga pedir una cita de inmediato.

Compro el vidrio, voy al médico, etc. es decir, trato de resolver, pero como estos miedos no son la fuente real de la amenaza, tan luego los solucionamos, aparece otra situación igualmente amenazante, porque la fuente de la angustia es la amenaza misma a perderme, a la nada. Hay por debajo una sensación particular que genera esa inseguridad generalizada que permanece, hagamos lo que hagamos.

III. CÓMO OPERAN LAS SITUACIONES DESENCADENANTES DE LA ANGUSTIA.

Perderme a mí mismo, es perder mi mundo
Vengo de una infinita oscuridad, y camino hacia otra igual. El espacio entre estas dos oscuridades, es el brevísimo espacio-tiempo de mi vida. (Pascal)

Mientras vivo, construyo mi mundo. Esta obra terminará con mi muerte.

¿Qué es eso que llamo mi mundo?. Como decía Ortega y Gaset: yo soy yo y mi circunstancia; si pierdo ésta, me pierdo a mí mismo. Mi mundo soy yo en mi medio ambiente.

Yo tengo características: creencias, habilidades, valores, aprendizajes… todo aquello de mi mismo que me hace reconocerme a mí mismo, como esta persona que está aquí, como este da-sein. De otra parte esta todo aquello del ambiente que me es familiar: las personas con las que me relaciono, los lugares a donde estoy y voy, lo que me rodea que reconozco como mío… todo aquello de mi ambiente que me hace reconocerlo como ¡mi ambiente!.

En conjunto, lo que reconozco como mío, en mi persona y en mi ambiente, es mi mundo.

La angustia me hace sentir la amenaza de la pérdida de mi mundo, es decir, de mí persona y mi ambiente.

La amenaza de muerte
La muerte implica el final de las posibilidades, ese minúsculo espacio ente la nada antes de nacer y la nada después de morir.

Irvin Yalom les pregunta a sus alumnos: ¿no tienen ya suficiente terror a la muerte los pacientes, para además hurgar en ella?¿por qué no dejar la muerte para los moribundos?. Porque ”la vida y la muerte son interdependientes, existen en forma simultánea, no consecutiva; la muerte late continuamente bajo la membrana de la vida, y ejerce una enorme influencia sobre la experiencia y la conducta…la muerte es una fuente primordial de angustia, y como tal es manantial primario para el trabajo terapéutico”.

Ejemplo:
Yo sé que voy a morir, a dejar de ser, pero no pienso en ello ni me perturba… hasta que algo ocurre que me lo recuerda. Hace un año me operaron del colon y había posibilidad de cáncer (que no fue). El otro día fui al sepelio de un pariente, no mucho mayor que yo; y mientras deambulaba y leía las lápidas, reconocía varias de conocidos. Y me dije: ¡Es cierto, puedo morirme, puedo dejar de existir!, y ser consciente en ese momento de esa amenaza, me produjo una fuerte angustia.

Estas experiencias me hacen ser consciente de la seguridad de mi muerte biológica, que es, la incuestionable pérdida de mi mismo.

La amenaza a mi identidad
Rollo May dice que yo – como cada uno de nosotros- tengo mi centro, y éste me da la identidad y la estabilidad que necesito para actuar, vivir y modificarme.

Ese centro es equivalente a lo que hace un momento llamé mi mundo. Desde este centro reconozco lo que soy; mi identidad. Cuando siento que pierdo mi centro, siento que me pierdo a mí mismo, lo que genera angustia.

Ejemplo:
Una persona tiene su vida razonablemente acomodada. Es esposo, padre, hijo, de acuerdo a sus creencias, y sus problemas son los de cualquier existencia en este mundo turbulento, de días y momentos difíciles, menos difíciles, y gratos. No es rico, vive de su sueldo y tiene un puesto que lo hace sentir respetable frente a su familia y a la comunidad. De repente, la empresa donde trabaja es comprada por una transnacional que quiere optimizar gastos, y le comunican que lo van a liquidar en quince días.

Dentro de dos semanas el mundo de esta persona cambiará completamente. Su centro está amenazado.

Ejemplo:
Recuerdo la experiencia de un amigo argentino, psicoanalista, que en la época de la guerra sucia tuvo que salir apresuradamente, de un día para el otro, porque podía ser detenido. En 24 horas salió de su país, dejando familia, casa, amigos, trabajo, etc y arribó a México. Perdió en un instante su centro, su mundo, y todo lo que lo hacía identificarse a sí mismo, se volvió confuso. Durante varios meses estuvo solo buscando trabajo y medios para traer a su familia. Lo logró y ahora es una persona re-construida, re- encontrada. La vida le dio la posibilidad de de re-crear su centro y su mundo.

La amenaza a perder el sentido; el vacío existencial.
Estamos de frente a la vida y de espalda a la muerte, en un mundo que ya estaba cuando yo llegué, que no se preocupa por mí, y tiene sus propias leyes. Cada momento que pasa es descubrir y construir el para qué de ese momento. Aunque muchas de esas decisiones sean automáticas y hasta rutinarias, obedecen a un para qué. Despierto, me levanto, baño, arreglo, desayuno… estoy preparándome para dar mi clase, para hacer algo que tiene un propósito – grato o ingrato – pero me hace sentido, estoy en lo que tengo que estar. La palabra clave es estoy, estoy, soy alguien aquí.

Nos han enseñado a buscar una vida controlada, donde todo tiene que tener una explicación, una respuesta; y de repente sucede que las cosas que han estado más sólidas e incuestionables se tambalean. Mis para qué’s se empiezan a desdibujar. Me empiezo a hacer entonces las preguntas que no tienen respuesta, como:
¿para qué vivo…?
¿qué significa vivir, estar aquí…?
si de todas maneras me voy a morir ¿para qué vivir..?
¿cuándo yo me muera, volverá a salir el sol…?

Ejemplo:
Un hombre trabaja arduamente para hacerse rico, y lo logra. En su tercera edad deja de trabajar e intenta compartir su tiempo con su esposa e hijos. Pero cada quien tiene su vida hecha y lejana a lo que él espera. Está sólo, poco reconocido, sin retos y aburrido. Siempre buscó el cariño de su padre, ahora anciano y enfermo, y el evento más importante de cada día era visitarlo; cuando éste muere, la soledad se hace más profunda, y la existencia carece de valor; no hay ya ningún para qué. En la terapia queda en evidencia que la soledad más dolorosa no es respecto a los demás, sino a sí mismo: él no cuenta consigo mismo, no se respeta a sí mismo, está lejos de sí mismo.

Este hombre se ha perdido a sí mismo, y no sabe dónde buscarse. Su vida sabe a nada.

La amenaza a mi seguridad.
La angustia está detrás de todo afán de tener seguridad y certeza en los aspectos básicos de la vida: nuestra salud, nuestra integridad física, nuestro patrimonio, etc. Pero la seguridad no existe. Watts expresa que:

… el deseo de seguridad y la sensación de inseguridad son una y la misma cosa. ... el ansia de seguridad es en sí misma dolorosa y contradictoria, y que cuanto más la buscamos, más dolorosa resulta… [queremos] la paz del espíritu, pero el intento de apaciguarlo es como tratar de sosegar las olas con una plancha para ropa.

Ejemplo:
Una persona había puesto una sofisticada alarma en su casa, que suena cuando alguien extraño quiere entrar; todos los accesos posibles están protegidos, y una vez accionada, la alarma se dispararía con cualquier intento mínimo de violar la seguridad. Durante unas semanas la familia estuvo tranquila, hasta que a alguien se preguntó qué pasaría si sonara la alarma estando ellos dentro de la casa, qué harían, donde buscarían, o se esconderían, en cuanto tiempo vendría el personal de la seguridad, o la policía, etc.

Cuanta más seguridad tengo, más quiero obtener, porque la seguridad, con mayúscula no existe. La inseguridad genera angustia porque me conecta con la amenaza de mi integridad física y emocional.

La amenaza de no poder vivir lo que la vida me plantea
Yo creo que muchas veces es más difícil vivir que morir.

Uno de los elementos indispensables de la autoestima es la creencia de que somos capaces de manejar, de una u otra forma, los problemas que la vida me pone. Muchas gentes no tienen ese sentimiento, y con frecuencia la vida es una constante confrontación frente a la que se sienten endebles.

Ejemplo:
Recuerdo un paciente que ingreso a su madre anciana en una casa de reposo en Cuernavaca, y se había propuesto visitarla cada semana, pero le perturbaba mucho manejar él solo su automóvil, porque tenía la fantasía de que una llanta se reventaba, no se sentía hábil para reponerla, y entonces se quedaba a la mitad de la carretera – en medio de la nada - sin ayuda. Como consecuencia de ello, visitaba a su madre cuando contaba con un chofer que lo llevaba y traía de regreso.

Pero hay situaciones que tienen que ver más con la posibilidad de crecer, de ejercer más libertad y responsabilidad, y que sin embargo, también nos sobrepasan.

Ejemplo:
Recuerdo mi trabajo en una institución internacional de planeación escolar donde tenía el puesto de subdirector. Por razones diversas el director renunció y las autoridades tenían que elegir otro, probablemente a mí. De una parte, la fantasía de hacerle frente a las grandes responsabilidades del director, tan ajenas y lejanas a mi cómodo segundo a bordo, me produjo terror; de otra, en el extremo opuesto, ante mi esposa, hijos, resto de la familia y amigos surgía la imagen muy atractiva del triunfador. Por supuesto que una parte de mi quería ser director y otra estaba aterrado de ello. La confrontación era muy difícil y potenciaba, a un lado la angustia, y al otro, la frustración y la culpa de negarme la oportunidad. Cuando llegó el temido momento de la propuesta, no la acepté y renuncié a la institución. En las semanas previas a la invitación viví momentos escalofriantes de angustia, en los que me veía, por un lado, teniendo que cumplir con lo que me sobrepasaba: discursos, decisiones, trabajo con dignatarios de los gobiernos, manejo de dineros, etc.; me sentía un niño frente a una ola gigantesca; y a la par, el otro lado, el sabor de la impotencia, el fracaso, y la culpa. Ahora me doy cuenta que en ese momento no estaba preparado para ser libre a ese nivel.

Pasar de una situación que conozco a otra de riesgo también es muy amenazante, y genera angustia, porque en lo desconocido, no me reconozco a mí mismo.

La angustia cósmica
Los dilemas existenciales son, creo, la columna vertebral para entender el drama de la vida. La muerte, el dolor, la soledad, la búsqueda de sentido, la angustia, la culpa son inherentes a la vida humana; y todos generan angustia. Todo ello es sobrecogedor, incomprensible, a veces terrible, y con un sabor a injusto, a castigo divino.

Kierkegaard lo toca diciendo:
Clavo mi dedo en la existencia – huele a nada
¿Dónde me encuentro? ¿Qué es esta cosa llamada mundo?
¿Quién me ha traído aquí y ahora me abandona?
¿Quién soy yo? ¿Cómo llegué al mundo?
¿Por qué nadie me pregunto?

Todas preguntas sin respuesta. O la siguiente reflexión también de Kierkegaard:

Todo el orden de las cosas me llena de un sentimiento de angustia, desde el mosquito hasta el misterio de la encarnación; todo es enteramente ininteligible para mí, y en especial mi persona. Muy grande es mi tristeza, y no tiene límites. Nadie la conoce, ex¬cepto Dios que está en los cielos, y él no puede apiadarse.

La angustia recoge todos los dilemas en uno: es inevitable toparse con el límite, con la nada, porque nunca podremos ir más allá.


IV. LOS APOYOS PARA VIVIR LA ANGUSTIA COMO AUTOAFIRMACIÓN

Me pregunto qué necesito para vivir la angustia como una afirmación de mí mismo; para ver no sólo el abanico oscuro, sino también los claros de la angustia. Y me respondo con las siguientes afirmaciones.

Valor (courage) para vivir la angustia
Hay que aprender a vivir la angustia; a tener el coraje (el valor) para ello. Este es, para Tillich, uno de los aprendizajes fundamentales, pues si no lo logramos, nos perdemos a nosotros mismos.

Tillich dice que el valor, el coraje de existir, es la auto-afirmación de la persona, a pesar de todo lo que trata de impedir que ello ocurra.

Así como el valor (el coraje) afirma al ser, la falta de él lo puede convertirlo en no-ser (en nada).

Esta lucha es, a mi juicio, la más conmovedora de las que tenemos que emprender en nuestra vida.

La autoafirmación a pesar de la nada, de la que habla Tillich, requiere que nos aceptemos, con buen ánimo, tal cual somos, como seres que tocamos los extremos de lo maravilloso y lo deleznable. Este ser humano de los extremos, es el verdadero ser humano. Es autoafirmarme a pesar de mi mismo, y de la descalificación que frecuentemente me hago.

Qué quiere la angustia de mí.
Creo que la angustia está para auto-afirmarme como persona frente a las amenazas de mis propias debilidades, y de las circunstancias externas que no dependen de mí. Cuando la angustia surge parece decirme: “a ver qué haces con esto…”. La angustia me pone a prueba, y trato de hacer todo lo que pueda, todo lo que esté a mi alcance, no me voy, no huyo, aquí me quedo…”.

Lo que es muy reconfortante, es que la angustia responde, se transforma cuando dejo de retarla, de pelearme con ella, cuando reconozco y respeto su presencia, entonces pasan cosas que me permiten vivir la situación con más entereza.

La dignidad
¡Yo valgo, y por ello merezco vivir la angustia con dignidad!.

Esta exclamación no es un reclamo a mis padres, a Dios, al mundo… es a mí a quien me dirijo, para ver si, ¡al fin! me lo creo.
Cuando veo la angustia con dignidad creo que su misión es enseñarme a vivir: maestra del bien vivir y del bien morir… vivir y morir con dignidad.

Todo lo que se hace con dignidad tiene sentido. La angustia entendida de esa manera permite mi entrada a la dignidad y al sentido.

La compasión
La precondición de la dignidad es la compasión por mí mismo. Para vivir dignamente la angustia necesitamos amarnos, y, en un círculo virtuoso, vivir la angustia para aprender a amarnos.

La angustia es un reto demasiado grande para quien no se ama a sí mismo, pues tiene que llenar su nada con otros, y nadie puede llenar mi nada más que yo mismo.

Para vivir la angustia necesitamos respetarnos, darnos cuenta, aceptarnos como endebles, finitos, maravillosos, nauseabundos, egoístas, generosos, ciegos, visionarios, profetas, fariseos… etc. Pero cada uno de nosotros es único y valioso en la creación (y Dios lo sabe).

¿Qué harás tú, Dios, si yo muero?
Yo soy tu cántaro. ¿y si me rompo?
Yo soy tu alimento. ¿Y si me descompongo?
Yo soy tu túnica y tu profesión.
Perdiéndome a mí, pierdes tu significado

La renuncia a encontrar explicaciones.
La aventura inevitable del ser humano es quedar atrapado en toda clase de situaciones complejas, paradojas, dilemas y crisis. Pero buscar explicaciones solo nos aleja más de las experiencias que nos tocan vivir.

Necesitamos dejarnos sorprender por el descubrimiento de nuestras limitaciones y debilidades, incertidumbres y dudas. Solamente con una actitud de apertura y transparencia es que encontramos los misterios que encierra cada situación de cada momento, y desde ahí, darnos cuenta que mis carencias son la fuente misma de mis riquezas, para nuevas y vitales formas de existir.

Huir de la victimez.
Es muy fácil sentirme víctima cuando la angustia me revuelca: ¿por qué esto, por qué a mí, qué hice para merecer esto…? Todas preguntas sin respuesta, e improcedentes.

Nadie ni nada me está castigando, no he hecho nada para merecer esto. La angustia no es un castigo, sino una condición de la vida.

Lo que está pasando… ¡está pasando!, y estoy solo en esto
Frecuentemente, cuando aparece la angustia, es humano negarla, tratar de huir, decirme que no es para tanto, que no pasa nada…. Pero no es cierto: lo que está pasando, en efecto, está pasando, y lo tengo que ver y aceptar.

La otra verdad innegable, es que tengo que vivir esta experiencia solo, pues nadie puede vivirla por mí.

Mantenerme conectado con la vida.
La angustia me conecta con la muerte, con la nada, con la pérdida de mí y mi mundo, y la tendencia más fácil es entrar ahí, y aislarme de todo: de mi, de los demás y del ambiente. Creo que al hacer esto es cuando la sensación de muerte, de nada, se hace más intensa, y me envuelvo de la lógica de ese submundo.

Ha ha sido muy importante seguir con la vida, con mis actividades, hablando con las gentes, comiendo, yendo al cine, haciéndolo lo mejor que puedo, y dándome el chance de no hacerlo si me sobrepasa. Cuando estoy en esto, la vida me manda flashazos de realidad, que recibo como cuerdas a un naufrago, difíciles de tomar al principio, pero factibles de ayudarme en el rescate, poco a poco.

Estar orgulloso de mi.
Cuando estoy angustiado lo más fácil es dejarme llevar por la frustración, el enojo, la tristeza. Pero puedo intentar salirme de ahí.

Me sucede que después de una jornada difícil, le hice honor a la vida, a pesar de todo, me digo algo así como “caray, eso estuvo bien de mi… me gustó, me gusto, me quiero un poquito más…”

No es fácil, y muchas veces no se puede, pero el solo intento puede hacerme sentir diferente.

Estar en contacto con mi cuerpo
Me muevo, camino, si puedo hago ejercicio ligero. Algo importante sucede cuando la sangre circula fluidamente. Vale la pena intentarlo.

Finalmente:
¡todo se acaba solo si yo no me levanto!
Caerse es lo común. Quien les diga que no se cae, es un mentiroso. Aceptar mis debilidades es ser fuerte, y se necesita mucho más valor para reconocer que “no puedo” y seguir luchando, que echarle la culpa a otro u otras cosas, o relinchar que “a mi no me pasan esas cosas, y…. cuando me pasan, nunca me vencen”, ese sí es cobarde, porque no se puede ver débil; y la debilidad no es un defecto, sino una condición humana, como muchas.

A todos nos vence la vida a cada rato – en detalles y asuntos importantes. Lo importante no es no caerse, sino volverse a levantar.

Las cosas de mi vida (mis clases, mi esposa, mis hijos, etc) sólo si no me levanto: aun en los momentos más difíciles, después de tomar aire, descansar, rezar, etc. me tengo que levantar.

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Psicoterapia Existencial

Es un enfoque psicoterapéutico que fundamenta su aproximación al ser humano en las propuestas de los filósofos existenciales. Hermana de los enfoques Existencial-Humanistas (como en Enfoque Centrado en la Persona, Logoterapia y Terapia Gestalt), la Psicoterapia Existencial consiste en una profundización en la visión del terapeuta y en una sensibilización hacia los temas existenciales; así como en el desarrollo de una práctica terapéutica especialmente relacional.
Es esencialmente un enfoque filosófico que al abordar los problemas y asuntos que emergen y provocan estrés, los considera consecuencia de las dificultades encontradas por el hecho de vivir, en vez de indicadores de una enfermedad o de salud mental.
La meta de la Psicoterapia Existencial es clarificar y promover la comprensión de la vida tal como cada persona experimenta.
La Psicoterapia Existencial ve a la persona fundamentalmente en relación con los diferentes factores y las dificultades de la existencia. Se considera que el poder sanador de la relación terapéutica es extremadamente importante.
La Visión Existencial describe a la persona viviendo entre las circunstancias que le ofrece y sus propias decisiones en respuesta a él.
Desde esta perspectiva, resulta útil entender las diferentes crisis y dilemas cotidianos a partir de las distintas dimensiones en que experimentamos la existencia: Corporal/Física, Social/Emocional, Personal/Intima y Espiritual/Sentido.

Círculo de Estudios en Psicoterapia Existencial


Somos un grupo de personas dedicadas a la investigación, estudio, profundización, exploración y difusión de la Visión Existencial en Psicoterapia.
Desde su formación en noviembre del 2002, el Círculo de Estudios en Psicoterapia Existencial tiene como principal actividad el Programa de Formación en Psicoterapia Existencial; así como el Diplomado en Visión Existencial Aplicada al Desarrollo Humano y talleres con especialistas internacionales de renombre en el campo de la psicoterapia de orientación existencial.
Fundador y Coordinador General:
Yaqui Andrés Martínez Robles
• Lic. en Psicología. Maestría en Psicoterapia Humanista.
• c.a. Doctorado en Psicoterapia
• c.a. Certificación Internacional en Psicología Transpersonal y Respiración Holotrópica por el Dr. Stanislav Grof
• Miembro de The Society for Existential Analysis con sede en Londres.
• Representante para México y América Latina de The International Collaboration of Existential Counsellors and Psychotherapists.

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